Profundas verdades

_Qué tonta has sido, con lo que yo te quiero_ dijiste mientras me colocaba a horcajadas encima tuya, después de que no hubieras dejado un centímetro de mi piel sin besar, después de que tuviésemos los labios sonrosados de girones con los dientes, después de que me mirases con esos ojos siempre profundos y me dijeses que me echabas de menos.

En los momentos más álgidos era cuando te salían las verdades como puñaladas sobre nosotros, esas que van directas al alma, esas que se movían desesperadas en tus pensamientos y que necesitaban salir de tu cabeza y envenenar con dudas la mía. Esas verdades que me mataban y que, simplemente, se quedaba ahí: en el amor que surgía entre nuestras almas, en los dedos sinuosos sobre la espalda, en los cuerpos tensos de deseo y en nuestro ardiente hálito final.

Vuelve roto pero sin miedo

IMG_20190406_195030.jpgSigo comprando comida impulsivamente para dos y cocinando para tres como antes y ahora me quedan restos para dos días cuando antes no sobraba nada de nada. Las sábanas están frías al entrar, como siempre, pero ya nadie me mantiene el calor en la cama cuando me levanto a hacer pis de madrugada. Ya no hay migas por todos lados, ni regueros de café en el mantel, ni cereales bajo la mesa. Ahora me tengo que hacer la fuerte y desenroscar la cafetera yo sola. Ya no se caen los frutos secos al cogerlos del armario porque no están bien cerrados y encender el horno para sólo una pizza es una verdadera mierda.

La calabaza se ha podrido en la alacena, junto a cuatro cebollas que habían florecido. Si hubieras estado aquí, me habrías dicho de plantar alguna para ver si salía algo. Ya nadie experimenta en las macetas. De hecho, las flores de la ventana se pasan más tiempo mustias que buscando el sol, supongo que van en sintonía conmigo. El sofá está recogido, los cojines más o menos en su sitio y la manta relativamente doblada, a veces… para qué mentir.

Hay música en casa pero no reggaeton ni los Beatles, la alegría es algo que aparece muy de vez en cuando. Ahora la ansiedad ha tomado tu lugar: me abraza y me chafa por las noches, se mueve y no me deja dormir. Ronca tan fuerte que desearía que se fuera al sofá, aunque sé que desde allí también la oiré. Ahora el miedo es el que hace ruidos por la casa, pero al menos no deja la tapa levantada del wc y el baño revuelto. Los imanes de nuestros viajes siguen estando en la nevera, pero ya no sujetan nuestras notas, notas que releí mientras las recogía y empapaba con mis lágrimas y me preguntaba por qué…

Por qué no nos supimos querer siempre como al principio, por qué no aprendimos de nuestros errores cometidos repetidas veces. Por qué no arreglamos nuestros desastres y tratamos de tener más paciencia. Por qué no conseguimos mantener nuestra genialidad, la esperanza y el amor en nuestro bosque. Por qué no seguimos con nuestros viajes y planes de futuro, esos en dónde incluíamos formar un hogar humilde, con olor a galletas y amor hacia los animales.

Por qué no volvemos. Por qué no me dejas dejar de recordarte, por qué he olvidado casi todo lo malo que nos pasó. Por qué no vienes a cenar conmigo en esta puta mesa, esta mesa en la que no me he sentado desde que no estas tú. Por qué ahora tengo rutinas de gata vieja: siempre el mismo lado del sofá, a la misma hora a dormir, con la nevera llena de lo justo para el día. Por qué no puedo ver las series de Netflix que veía contigo, por qué no he vuelto a nuestros sitios favoritos, ni siquiera he salido a bailar desde que te fuiste o desde que te eché, yo ya no sé qué pasó en realidad…

Por qué comparo a todos contigo, por qué quiero que sean como tú, por qué siempre hay un pero. Por qué no me sueltas. Por qué no te suelto, por qué no puedo hacerlo. ¿Por qué no volvemos? te escribo en un mensaje redactado perfecto por wasap que luego borro por qué te veo en línea y no es conmigo. Por qué no me callo, por qué no termino de una puta vez el mismo discurso con mis amigas, a las que tengo ya fritas. Por qué no te aclaras, por qué no dejas las dudas a un lado esta vez, por qué no nos damos una última oportunidad.

Por qué no vuelves, aunque sea roto. Total, yo también lo estoy: rota, desencajada y desubicada. Vuelve y nos abrazamos fuerte y unimos de nuevo nuestras piezas, aunque sea forzando un poco los bordes, no te preocupes, día a día los iremos perfilando por que empezamos de nuevo, pero sabiendo nuestros defectos, sabiendo lo que no queremos, pero sobre todo sabiendo que no nos hemos dejado de querer y, que, en definitiva, nunca hemos querido dejar de estar juntos.

Seamos valientes, tomemos las riendas. Quítate el escudo, yo ya estoy desnuda, y deja el miedo a un lado, por favor. Sólo te pido eso, por que el miedo es lo contrario al amor y de eso tenemos de sobra, lo sabes, creo, y lo sé. Busquemos ese futuro que deseábamos, sigamos caminando y aprendiendo. No puedo vivir sin ti. Mentira, sí que puedo, pero no quiero.

Ojalá. Ojalá vuelvas… Roto, pero sin miedo.

Fuiste primavera en enero

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Fuiste primavera en enero, comprensión en tornado, calma en tormenta. Nunca sol abrasante, atmósfera asfixiante, nunca juicio o condescendencia.

Fuiste un puente levadizo a la calma, a las risas sin fin, al sexo intenso, al calor en mi frío continuo, aire en mi claustrofóbica existencia. Fuiste una ilusión abstracta, figurada y algo simbólica, miradas asertivas, un trago de agua pura, oxigenante, refrescante y viva. Fuiste esfuerzo e interés, fuiste ganas sin a penas conocerme. Fuiste más que muchos con más tiempo. Fuiste más de lo que crees, más de lo que creía yo…

Y ahora mismo yo soy una casa al revés, anclada al suelo por la chimenea, un descontrol sentimental. Soy un globo de helio que se acaba de escapar de las manos de un niño, una loca con escafandra caminando sin rumbo en medio de la gente, una hippie con unos pendientes de cámara antigua y un tenedor… Y no es por tu culpa, ni mucho menos. Te diría que vengo así de serie: así de caos, así de real, así de imprevisible, así de lunáticamente confundida…

Eras demasiado perfecto para esta ocasión en la que yo me encuentro, navegando en el desastre de mis pensamientos, con un alma atormentada e impregnada de oscuridad. Pero te prometo que hubo sentimiento, que fue real, que sentí y quizá me pasé de frenada. Te prometo que amé acariciarte con mis yemas de los dedos y que me llenases de orgasmos. Prometo que abracé todas tus historias para hacerlas mías y saber más de ti, amé todas y cada una de nuestras noches y nuestros días. Amaba lo que veía y me contabas, todo sin excepción y proyecté futuro incluso, quizá demasiado pronto, quizá soy demasiado intensa.

Puede ser que me equivoque, ojalá que no, pero algo me dice que esto no quedará aquí: habrá más lenguaje de signos, cervezas con música en directo, patadas al diccionario, improvisaciones de a dónde ir a cenar, más viento a raudales, risas entre mantas, guerreros al sol con peineta, pies fríos… Historias de colegio, capturas de vuelos, mercadillos, amaneceres, fotos de comida, piques de vídeos de lo que hacemos, conversaciones fluidas y miradas profundas. Y más de todo eso que se quedó en el tintero, en la punta de la lengua, en los inicios de las acciones con nuestras manos y nuestros pies…

Porque te mereces lo mejor y, en estos momentos, no pude ser yo…

Hablamos de cáncer…

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El cáncer no implica siempre pérdidas del cabello total, quimioterapia o tumor, sí implica células anormales, extracción y tratamiento. Implica dolor, sufrimiento y lágrimas. Efectos secundarios, terciarios y cuaternarios: sequedad en la piel, dolor muscular y fatiga del alma. No implica conocimiento, tranquilidad y calma. Implica ¿Por qué?, ¿Porqué a mí? y ¿de qué manera? Implica descontrol, invasión y agresión corporal, pero también negación, cárcel y desolación en uno mismo. Implica operación, recuperación, recaída, sangre y urgencia x2.

Son visitas interminables a salas blancas, a camillas, a pruebas, a decenas de positivos mes tras mes, a caras de condescendencia, a “a ver si la próxima”. Son llamadas de un número infinito en el móvil y contestaciones con miedo. Son rellamadas a tu madre diciendo que hay que volver, sí, otra vez y yo no puedo hacerlo sola… Es la preocupación de los tuyos, al principio muy extendida pero que, a lo largo de los años y del proceso, quedan los de verdad, los cercanos, los de siempre, con los que lloras cada vez que el infierno se alarga y los noes se repiten…

Y un día llega la llamada definitiva que esperabas pero el alta es preventiva y los controles no dejarán de acompañarte toda la vida. Llega el día en el que valoras la vida de otro modo y empiezas a hacer un poco más lo que te da la gana por el simple hecho de que mañana no sabes qué puede pasar. Deja de importarte lo que diga la gente, porque al final, nadie más que tú está en tu cabeza y nadie te conoce mejor. Cada día es un regalo pero no lo valoramos lo suficiente, cada oportunidad es única porque quizá no se vuelva a repetir, así que ama y equivócate, aunque si hay amor, nunca será un error. No pierdas tiempo con personas, trabajos o situaciones tóxicas, da igual si es familia o tu mejor amig@, da igual si cobras mucho, da igual que te digan que vale la pena por que lo que debe valer es la alegría y la ilusión. Y ámate mucho, como nadie hizo nunca, porque te lo debes y estás en tu derecho, porque nacemos solos y morimos del mismo modo, así que respetarte y valorarte es lo mejor que puedes hacer en tu vida…

La mala noticia es que este año 2019, los casos de cáncer seguirán aumentando, la buena, que la mortalidad va en descenso debido a la detección precoz y a los mejores tratamientos. No todo el cáncer es rosa, no todo el cáncer es de mama en mujeres, y no todo el cáncer en hombres es de próstata o colon. No se trata de restarle importancia a éstos, es sumarle bastante más a los otros y ser más conscientes como sociedad de que todo cáncer, sarcoma, carcinógeno, tumor es sinónimo de miedo, sufrimiento y dolor.

Punto sin retorno

Lo peor de la decepción es que pasan los meses, pasan las veces y sabes que eso no va a ser nunca por que sí, que no por dar oportunidades las cosas van a cambiar. Lo peor es que lo sabes y te empeñas en seguir ahí. Te aferras sin sentido a algo, perdiendo los ejes de la vida, los límites de la piel y la lógica reinante en el sentido común. Lo peor es lo que duele el silencio, la supervivencia a los atardeceres, las lágrimas en la almohada y las salidas del sol desveladas. Lo peor es cuando el dolor se convierte en polvo de cemento humedecido con la frustración y vas construyendo tu búnquer en el que ya nada entra, del que ya nada sale… Lo peor es cuando el otro no lo ve o no sabe verlo, cuando yo digo mañana irá bien y tú sigues con los errores del ayer, cuando pienso lo bueno tarda, pero parece que lo bueno no se quiere quedar.

Perdóname, quise quererte tal cuál eres y no lo conseguí, y no fue por no intentarlo o no pretenderlo, puse todo lo que sé sobre el amor y todo lo que soy como mujer.

Lo siento, quise hacerte feliz, pero parece que no fue suficiente dar todo de mí. Mi sensación es de fracaso por que no lo conseguí lograr, todos esos sueños que rondaban en mi cabeza de formar contigo para siempre un hogar.

Discúlpame si mi máxima es “eres lo que haces, no lo que dices que vas a hacer”, discúlpame si te exigí, te grité o te ofendí por que tan sólo pretendía recibir todo lo que te estaba dando yo sin entender que, quizá, tú estabas haciendo lo mismo y no lo supe ver.

Y, por último, pido indulgencia por haberte odiado varias veces, por sentir que no fui suficiente, ni importante, ni prioridad para ti. Indulgencia por sentir que dejaste apagar la llama de lo nuestro como una vela mala que se consume en segundos, creando un humo negro que lo invade todo y del que no he podido salir…

… no es un final feliz, tan sólo es un final.

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disfruta

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Me apartó el pelo de la cara, no lo dudó ni un segundo. Quería verlo todo en el silencio que nos rodeaba en la habitación: mi respiración ahogada, el mar de mis ojos, las gotas de sudor cayendo entre mi pecho. Tal sólo me susurró –disfruta- mientras quería seguir viendo aquel instante de realidad en mis labios rosados, el pellizco con mis dientes, el rubor de mis mejillas y la satisfacción del sexo hecho mujer.

No dejó que el cabello se interpusiera entre él y esa fantástica expresión de placer, entre esa imagen virginal y el gesto orgásmico del arqueo de mi columna, incluso entre esa captación del poder con sus manos en mi cadera. Ese poder que no sé quién de los dos tenía en ese momento: si yo por estar encima comprendiendo perfectamente su mirada o él por estar disfrutando de tremendo espectáculo sensorial siendo el actor principal…

Suicidas

Todos tenemos algo de suicida dentro de nosotros, una voz que a veces no te dice las cosas más adecuadas ni positivas, esa voz que quiere hacer cesar la realidad y punto. Todos queremos desaparecer de vez en cuando: por unas horas, por unos días, por unos meses, para siempre… A todos nos gustaría tener un botón de apagar, de desvanecerse, de ocultarse, de “ciao pescao”. Momentos en los que, a pesar de estar rodeado de gente, te sientes totalmente solo, fuera de lugar, desubicado en medio de la nada, insignificante. Flotando como mota de polvo a contraluz en una habitación lúgubre y vacía: vacía de sentimiento, de expresión, de sentido, esa sensación mortecina, decadente y fría de vida, de un ser que lo tiene todo para ser feliz y no quiere verlo. Todo el mundo tiene momentos de ausentarse, de querer bajarse del mundo, de irse a tomar por culo y ya está, de c’est finí.

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En la vida a veces es imposible entenderlo todo, resulta inconcebible mantener el nivel de exigencia constantemente alto, es imposible no caer en algún momento. No puedes saberlo todo, tener respuestas para todas las preguntas que te haces a ti mismo, ni dar explicaciones siempre a los demás. No puedes tener contentos a todos: amigos, familia, clientes, pareja y jefes. No se puede cuidar de todo lo que haces y dices, no siempre debes tener las palabras correctas, no siempre debes saber qué hacer y no tienes que saber de qué se trata la vida constantemente. No puedes ser siempre fuerte, coherente y seguro, tienes todo el derecho del mundo a flaquear, a rendirte, a llorar y a gritar, y los demás deben entenderlo y punto, sin tener el valor de darte consejos. Por que algún día ellos estarán en tu lugar, y lo único que desearán es que alguien les comprenda, les apoye y les escuche y no que les dé lecciones. Sólo un hombro, sólo oídos, sólo una mano que les calme…

Debes entender que no saber es exactamente vivir.

Nosotras, las mujeres…

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… no necesitamos que nos apoyéis y que nos déis ánimos para adquirir esos derechos que la misma sociedad nos ha amputado. No necesitamos que nos preguntéis por qué nos reunimos y hacemos huelga: precisamente por eso. Porque si lo preguntas es por que no te estás enterando de nada. Las mujeres no necesitamos “ayuda o colaboración” necesitamos que os impliquéis y hagáis. No necesitamos que nadie nos rescate de dragones y fantasmas si no eres capaz también de lavar los platos y hacer la cena sin que “tengamos que pedirlo”, podemos hacerlo perfectamente solitas, nos valemos de sobra para todo. No necesitamos que se considere a los hombres héroes cuando se ocupan de sus hijos y nos normalicen y ninguneen con esas mismas tareas a nosotras. No es tanto una cuestión de salario si no una cuestión de oportunidades: de que la sociedad asuma con naturalidad que sea la mujer la que reduzca horario laboral para ocuparse de los hijos, ancianos o personas dependientes y no lo haga nunca el hombre. Cuestión de que a las mujeres se nos coloque en puestos de enseñanza, servicio o cuidado porque “está en nuestros genes”. ¿Qué chorrada es esa?

No necesito que tú me digas, y hablo también de féminas, que por no tener hijos voy a ser menos mujer o que pierde el sentido mi existencia en este mundo, ¿perdona?. Yo lo que no quiero es traer descendencia a esta sociedad que sigue siendo patriarcal, que me mira con lascivia si llevo una falda un poco corta o simplemente un vaquero ajustado. No necesito que te creas con más razón que yo por ser un hombre, con más sabiduria que yo por tu condición masculina en según qué temas, o incluso por ser más mayor me pierdas el respeto: a vosotros, a los viejos falócratas impertinentes es a quien los jóvenes debemos cortar las alas. No necesito que me digas que debería ser más sumisa, que no sea contestaria, aunque lo haga con educación, que qué voy a hacer con ese carácter… cuándo eso parece que sí da valor a un hombre pero no a mí.

Nosotras, las mismas mujeres, a la vez tan femeninas y machistas, que justificamos según qué actitudes de esos hombres por que quizá son familia, que perdonamos comentarios retrógrados, que educamos y hacemos comentarios a nuestros hij@s de manera diferente según el sexo: ¡cómo va a limpiar el baño mi hijo?, bájate la falda, pórtate como una señorita! Muñecas vs. espadas, rosa vs. azul, fregar vs. televisión, magisterio vs. ingeniería, calientapollas vs. macho… Nosotras las mujeres que somos tan malas con nosotras mismas, a las que en vez de apoyar, envidiamos, a las que en vez de respetar, criticamos, a las que en vez de alentar en su atrevimiento, hundimos diciendo que eso no es para mujeres… ¿Y qué no lo es? Nosotras somos nuestro peor enemigo a veces. Seamos leales.

Quiero el derecho a elegir estar en el sofá mientras mi marido/padre/hijo/ hermano/primo/novio se ocupa de la lavadora y de cambiar pañales. Quiero que no te alarmes si hablo claramente de sexo, de lo que me gusta o de mi libertad sexual, y quiero no ser nombrada directamente de puta cuando tú por lo mismo eres un crack. No quiero que entre vosotros os justifiquéis diciéndo que es culpa de vuestra madre no saber nada de la casa, no quiero que os parapetéis en que los hombres son más sexuales que las mujeres para cometer violaciones, ni en la fuerza bruta para agredir a nadie. Olvidáos de esa fraternidad masculina casposa, no os beneficia en nada.

Y también quiero que a los hombres se les permita conciliar con su vida laboral y personal, que no tengan que demostrar constantemente que son más fuertes en todos los ámbitos, que ellos no tienen porqué mantener el peso económico de las familias, ya no… Quiero que lloren, que expresen sentimientos, que puedan ser claros en sus emociones, que no tengan porqué tener el papel siempre de macho en la cama. Que no se les llame nenazas o maricas; que no se les diga: eso es de chicas o sé un hombre, … ¡Olvidemos esas expresiones! Que si quieren bailar ballet lo hagan, coser, expresar amor, jugar con muñecas, llorar viendo pelis, vestir de rosa… No sois depredadores, no somos presas; no somos depredadoras ni sois presas. No sois más, no sois menos… Sólo sois. Sólo somos.

En definitiva igualdad, libertad, coherencia y sentido común. No impongáis. Respetad, tolerad y no juzguéis. Ni a las mujeres, ni a los hombres, ni a los colectivos, ni a las sociedades… Vivid y dejad vivir.

aMoR

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Tal día como hoy, decidí enviarte un wasap supérfluo, posiblemente tan sólo informándote de mi vuelta desde Barcelona y, probablemente, sin buscar mayor intención que eso.

Algo tan sencillo como unas palabras en el momento adecuado, hacen cambiar el destino de las cosas y de las personas: sólo por ese gesto, tú decidiste seguir ahí.

Y 3 años después, continuamos unidos y luchando por algo que la gente llama relación pero que a mí me gusta llamar vida, evolucionando como compañeros y superando retos juntos. No me gusta hablar de futuro, los que me queréis lo sabéis, así que deseo continuar con el aquí y el ahora como equipo unido todo el tiempo que sea posible y de la mejor manera.

Por que el amor todo lo mueve, por que el amor todo lo puede. ❤

No te enamores de mí.

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Ella le vio pasar. Él no tituveó a pesar de que sabía que estaba ahí. No lo dudó ni un momento, a pesar de los pocos metros que les separaban ese martes a las 16:53, él siguió andando, cabeza alta, paso ligero y mirada al frente. No tuvo el valor de despedirse de ella mirándola a los ojos. Esos ojos que le tuvieron atrapado durante tan sólo un puñado de meses, pero con una intensidad jamás sentida. Amarrado a sus besos, a su sonrisa nerviosa y al perfume de su piel desnuda: a ese olor de deseo, a sus curvas sudorosas y a risas eternas incluso en mitad del sexo. Ella no tuvo compasión, no fue piadosa con sus sentimientos, pero sí fue clara desde el inicio: le dijo que no se enamorase, que no podía más que ofrecerle escapadas furtivas, miradas intensas rodeados de contexto y algún beso robado en lugares inapropiados. Nunca una noche entera, nunca una comida familiar, nunca un te quiero, nunca un más allá.

Él se hacía el indiferente a menudo, pero era una indiferencia forzada y disimulada: en el fondo él sabía que ella era lo que llevaba años esperando. Fue como un amor imaginario, de esos que se colaban a acompañarle frente a la tele antes de ir a dormir o con quien disfrutar amaneceres de insomnio, amores de esos que parecían perfectos, como horma de zapato… demasiado parecidos, incluso llegando a asustar. Amores que, cuando los escuchas hablar, parece uno mismo narrando, con la libertad siempre por bandera y el respeto mútuo como base de la relación.

Él se enamoró de lo que podría ser y su cabeza empezó a maquinar de tal manera que vivió de ilusiones y se mareó de vértigo. No se habían despedido del día y ya le estaba preguntando cuándo la volvería a poder sorber de nuevo, cuándo podría coger sus manos miestras ella le contaba historias sobre sus amigas, cuándo podría decirle perversiones mirándola a los ojos y sonriendo nervioso y ella manteniéndole desafiante la mirada pero sonrojándose. Sus nervios le delataron más de una vez a pesar de las advertencias de ella: algunas frases de futuro, algunos “supuestos” para ella incómodos, alguna bajada de mirada con decepción cuando no recibía la respuesta esperada. Rellenó los momentos de su vida con ese deseo de cuidarla y satisfacerla, de preocupación e incluso insistencia a veces.

Un día, egoístamente quizás, ella decidió poner distancia entre sus cuerpos desnudos, entre los bailes de sus labios y sus sexos palpitantes de deseo, pero no espacio entre sus palabras, sus miradas o sus roces disimulados en la piel. Se enriquecían en cierto modo, se preocupaban el uno del otro, era una amistad bonita y de cariño y eso les hacía sentir bien. Quizá ese fue el error: no separar del todo el engranaje de sus almas, el deseo del olor de sus cuellos, los diálogos sexuales naturalmente enmascarados. Con nadie más nunca disfrutó de ese juego del doble sentido, no se entendía tan bien con otras chicas, fue todo tan franco, tan sincero, tan claro entre ambos… Fue una liga muy intensa, tanto, que uno acabó lesionado de amor, de amor del de verdad, de ese amor que estaba vetado y de esa historia que no podía existir.

Y él tomó la decisión de no destrozar más su propio corazón. No dejó de pensar ni un momento en que lo tenían todo para ser felices. Todo. Menos las ganas de ella. Eso le mataba y le superaba cada vez que la tenía enfrente y no podía expresar lo que de verdad sentía. Ella fue la forma más triste y bonita que tuvo la vida de enseñarle, que no se puede tener todo, por mucho que se desee… Le dolió su intermitencia: ni se quedaba ni se iba, no podía extrañarla porque ella seguía ahí, ni olvidarla porque nunca llegó a irse del todo. ¿Quererle? No diría tanto, aprecio sí había, pero en ese momento de la vida él necesitaba más que un simple cariño: él buscaba amor y, ella, fue cobarde para amar.

“… han sido momentos increíbles y hacía mucho tiempo que nadie me hacía sentir tan hombre… Gracias por cada momento, cuídate.”

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