Fuiste primavera en enero

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Fuiste primavera en enero, comprensión en tornado, calma en tormenta. Nunca sol abrasante, atmósfera asfixiante, nunca juicio o condescendencia.

Fuiste un puente levadizo a la calma, a las risas sin fin, al sexo intenso, al calor en mi frío continuo, aire en mi claustrofóbica existencia. Fuiste una ilusión abstracta, figurada y algo simbólica, miradas asertivas, un trago de agua pura, oxigenante, refrescante y viva. Fuiste esfuerzo e interés, fuiste ganas sin a penas conocerme. Fuiste más que muchos con más tiempo. Fuiste más de lo que crees, más de lo que creía yo…

Y ahora mismo yo soy una casa al revés, anclada al suelo por la chimenea, un descontrol sentimental. Soy un globo de helio que se acaba de escapar de las manos de un niño, una loca con escafandra caminando sin rumbo en medio de la gente, una hippie con unos pendientes de cámara antigua y un tenedor… Y no es por tu culpa, ni mucho menos. Te diría que vengo así de serie: así de caos, así de real, así de imprevisible, así de lunáticamente confundida…

Eras demasiado perfecto para esta ocasión en la que yo me encuentro, navegando en el desastre de mis pensamientos, con un alma atormentada e impregnada de oscuridad. Pero te prometo que hubo sentimiento, que fue real, que sentí y quizá me pasé de frenada. Te prometo que amé acariciarte con mis yemas de los dedos y que me llenases de orgasmos. Prometo que abracé todas tus historias para hacerlas mías y saber más de ti, amé todas y cada una de nuestras noches y nuestros días. Amaba lo que veía y me contabas, todo sin excepción y proyecté futuro incluso, quizá demasiado pronto, quizá soy demasiado intensa.

Puede ser que me equivoque, ojalá que no, pero algo me dice que esto no quedará aquí: habrá más lenguaje de signos, cervezas con música en directo, patadas al diccionario, improvisaciones de a dónde ir a cenar, más viento a raudales, risas entre mantas, guerreros al sol con peineta, pies fríos… Historias de colegio, capturas de vuelos, mercadillos, amaneceres, fotos de comida, piques de vídeos de lo que hacemos, conversaciones fluidas y miradas profundas. Y más de todo eso que se quedó en el tintero, en la punta de la lengua, en los inicios de las acciones con nuestras manos y nuestros pies…

Porque te mereces lo mejor y, en estos momentos, no pude ser yo…

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Hablamos de cáncer…

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El cáncer no implica siempre pérdidas del cabello total, quimioterapia o tumor, sí implica células anormales, extracción y tratamiento. Implica dolor, sufrimiento y lágrimas. Efectos secundarios, terciarios y cuaternarios: sequedad en la piel, dolor muscular y fatiga del alma. No implica conocimiento, tranquilidad y calma. Implica ¿Por qué?, ¿Porqué a mí? y ¿de qué manera? Implica descontrol, invasión y agresión corporal, pero también negación, cárcel y desolación en uno mismo. Implica operación, recuperación, recaída, sangre y urgencia x2.

Son visitas interminables a salas blancas, a camillas, a pruebas, a decenas de positivos mes tras mes, a caras de condescendencia, a “a ver si la próxima”. Son llamadas de un número infinito en el móvil y contestaciones con miedo. Son rellamadas a tu madre diciendo que hay que volver, sí, otra vez y yo no puedo hacerlo sola… Es la preocupación de los tuyos, al principio muy extendida pero que, a lo largo de los años y del proceso, quedan los de verdad, los cercanos, los de siempre, con los que lloras cada vez que el infierno se alarga y los noes se repiten…

Y un día llega la llamada definitiva que esperabas pero el alta es preventiva y los controles no dejarán de acompañarte toda la vida. Llega el día en el que valoras la vida de otro modo y empiezas a hacer un poco más lo que te da la gana por el simple hecho de que mañana no sabes qué puede pasar. Deja de importarte lo que diga la gente, porque al final, nadie más que tú está en tu cabeza y nadie te conoce mejor. Cada día es un regalo pero no lo valoramos lo suficiente, cada oportunidad es única porque quizá no se vuelva a repetir, así que ama y equivócate, aunque si hay amor, nunca será un error. No pierdas tiempo con personas, trabajos o situaciones tóxicas, da igual si es familia o tu mejor amig@, da igual si cobras mucho, da igual que te digan que vale la pena por que lo que debe valer es la alegría y la ilusión. Y ámate mucho, como nadie hizo nunca, porque te lo debes y estás en tu derecho, porque nacemos solos y morimos del mismo modo, así que respetarte y valorarte es lo mejor que puedes hacer en tu vida…

La mala noticia es que este año 2019, los casos de cáncer seguirán aumentando, la buena, que la mortalidad va en descenso debido a la detección precoz y a los mejores tratamientos. No todo el cáncer es rosa, no todo el cáncer es de mama en mujeres, y no todo el cáncer en hombres es de próstata o colon. No se trata de restarle importancia a éstos, es sumarle bastante más a los otros y ser más conscientes como sociedad de que todo cáncer, sarcoma, carcinógeno, tumor es sinónimo de miedo, sufrimiento y dolor.

Punto sin retorno

Lo peor de la decepción es que pasan los meses, pasan las veces y sabes que eso no va a ser nunca por que sí, que no por dar oportunidades las cosas van a cambiar. Lo peor es que lo sabes y te empeñas en seguir ahí. Te aferras sin sentido a algo, perdiendo los ejes de la vida, los límites de la piel y la lógica reinante en el sentido común. Lo peor es lo que duele el silencio, la supervivencia a los atardeceres, las lágrimas en la almohada y las salidas del sol desveladas. Lo peor es cuando el dolor se convierte en polvo de cemento humedecido con la frustración y vas construyendo tu búnquer en el que ya nada entra, del que ya nada sale… Lo peor es cuando el otro no lo ve o no sabe verlo, cuando yo digo mañana irá bien y tú sigues con los errores del ayer, cuando pienso lo bueno tarda, pero parece que lo bueno no se quiere quedar.

Perdóname, quise quererte tal cuál eres y no lo conseguí, y no fue por no intentarlo o no pretenderlo, puse todo lo que sé sobre el amor y todo lo que soy como mujer.

Lo siento, quise hacerte feliz, pero parece que no fue suficiente dar todo de mí. Mi sensación es de fracaso por que no lo conseguí lograr, todos esos sueños que rondaban en mi cabeza de formar contigo para siempre un hogar.

Discúlpame si mi máxima es “eres lo que haces, no lo que dices que vas a hacer”, discúlpame si te exigí, te grité o te ofendí por que tan sólo pretendía recibir todo lo que te estaba dando yo sin entender que, quizá, tú estabas haciendo lo mismo y no lo supe ver.

Y, por último, pido indulgencia por haberte odiado varias veces, por sentir que no fui suficiente, ni importante, ni prioridad para ti. Indulgencia por sentir que dejaste apagar la llama de lo nuestro como una vela mala que se consume en segundos, creando un humo negro que lo invade todo y del que no he podido salir…

… no es un final feliz, tan sólo es un final.

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disfruta

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Me apartó el pelo de la cara, no lo dudó ni un segundo. Quería verlo todo en el silencio que nos rodeaba en la habitación: mi respiración ahogada, el mar de mis ojos, las gotas de sudor cayendo entre mi pecho. Tal sólo me susurró –disfruta- mientras quería seguir viendo aquel instante de realidad en mis labios rosados, el pellizco con mis dientes, el rubor de mis mejillas y la satisfacción del sexo hecho mujer.

No dejó que el cabello se interpusiera entre él y esa fantástica expresión de placer, entre esa imagen virginal y el gesto orgásmico del arqueo de mi columna, incluso entre esa captación del poder con sus manos en mi cadera. Ese poder que no sé quién de los dos tenía en ese momento: si yo por estar encima comprendiendo perfectamente su mirada o él por estar disfrutando de tremendo espectáculo sensorial siendo el actor principal…

Suicidas

Todos tenemos algo de suicida dentro de nosotros, una voz que a veces no te dice las cosas más adecuadas ni positivas, esa voz que quiere hacer cesar la realidad y punto. Todos queremos desaparecer de vez en cuando: por unas horas, por unos días, por unos meses, para siempre… A todos nos gustaría tener un botón de apagar, de desvanecerse, de ocultarse, de “ciao pescao”. Momentos en los que, a pesar de estar rodeado de gente, te sientes totalmente solo, fuera de lugar, desubicado en medio de la nada, insignificante. Flotando como mota de polvo a contraluz en una habitación lúgubre y vacía: vacía de sentimiento, de expresión, de sentido, esa sensación mortecina, decadente y fría de vida, de un ser que lo tiene todo para ser feliz y no quiere verlo. Todo el mundo tiene momentos de ausentarse, de querer bajarse del mundo, de irse a tomar por culo y ya está, de c’est finí.

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En la vida a veces es imposible entenderlo todo, resulta inconcebible mantener el nivel de exigencia constantemente alto, es imposible no caer en algún momento. No puedes saberlo todo, tener respuestas para todas las preguntas que te haces a ti mismo, ni dar explicaciones siempre a los demás. No puedes tener contentos a todos: amigos, familia, clientes, pareja y jefes. No se puede cuidar de todo lo que haces y dices, no siempre debes tener las palabras correctas, no siempre debes saber qué hacer y no tienes que saber de qué se trata la vida constantemente. No puedes ser siempre fuerte, coherente y seguro, tienes todo el derecho del mundo a flaquear, a rendirte, a llorar y a gritar, y los demás deben entenderlo y punto, sin tener el valor de darte consejos. Por que algún día ellos estarán en tu lugar, y lo único que desearán es que alguien les comprenda, les apoye y les escuche y no que les dé lecciones. Sólo un hombro, sólo oídos, sólo una mano que les calme…

Debes entender que no saber es exactamente vivir.

Nosotras, las mujeres…

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… no necesitamos que nos apoyéis y que nos déis ánimos para adquirir esos derechos que la misma sociedad nos ha amputado. No necesitamos que nos preguntéis por qué nos reunimos y hacemos huelga: precisamente por eso. Porque si lo preguntas es por que no te estás enterando de nada. Las mujeres no necesitamos “ayuda o colaboración” necesitamos que os impliquéis y hagáis. No necesitamos que nadie nos rescate de dragones y fantasmas si no eres capaz también de lavar los platos y hacer la cena sin que “tengamos que pedirlo”, podemos hacerlo perfectamente solitas, nos valemos de sobra para todo. No necesitamos que se considere a los hombres héroes cuando se ocupan de sus hijos y nos normalicen y ninguneen con esas mismas tareas a nosotras. No es tanto una cuestión de salario si no una cuestión de oportunidades: de que la sociedad asuma con naturalidad que sea la mujer la que reduzca horario laboral para ocuparse de los hijos, ancianos o personas dependientes y no lo haga nunca el hombre. Cuestión de que a las mujeres se nos coloque en puestos de enseñanza, servicio o cuidado porque “está en nuestros genes”. ¿Qué chorrada es esa?

No necesito que tú me digas, y hablo también de féminas, que por no tener hijos voy a ser menos mujer o que pierde el sentido mi existencia en este mundo, ¿perdona?. Yo lo que no quiero es traer descendencia a esta sociedad que sigue siendo patriarcal, que me mira con lascivia si llevo una falda un poco corta o simplemente un vaquero ajustado. No necesito que te creas con más razón que yo por ser un hombre, con más sabiduria que yo por tu condición masculina en según qué temas, o incluso por ser más mayor me pierdas el respeto: a vosotros, a los viejos falócratas impertinentes es a quien los jóvenes debemos cortar las alas. No necesito que me digas que debería ser más sumisa, que no sea contestaria, aunque lo haga con educación, que qué voy a hacer con ese carácter… cuándo eso parece que sí da valor a un hombre pero no a mí.

Nosotras, las mismas mujeres, a la vez tan femeninas y machistas, que justificamos según qué actitudes de esos hombres por que quizá son familia, que perdonamos comentarios retrógrados, que educamos y hacemos comentarios a nuestros hij@s de manera diferente según el sexo: ¡cómo va a limpiar el baño mi hijo?, bájate la falda, pórtate como una señorita! Muñecas vs. espadas, rosa vs. azul, fregar vs. televisión, magisterio vs. ingeniería, calientapollas vs. macho… Nosotras las mujeres que somos tan malas con nosotras mismas, a las que en vez de apoyar, envidiamos, a las que en vez de respetar, criticamos, a las que en vez de alentar en su atrevimiento, hundimos diciendo que eso no es para mujeres… ¿Y qué no lo es? Nosotras somos nuestro peor enemigo a veces. Seamos leales.

Quiero el derecho a elegir estar en el sofá mientras mi marido/padre/hijo/ hermano/primo/novio se ocupa de la lavadora y de cambiar pañales. Quiero que no te alarmes si hablo claramente de sexo, de lo que me gusta o de mi libertad sexual, y quiero no ser nombrada directamente de puta cuando tú por lo mismo eres un crack. No quiero que entre vosotros os justifiquéis diciéndo que es culpa de vuestra madre no saber nada de la casa, no quiero que os parapetéis en que los hombres son más sexuales que las mujeres para cometer violaciones, ni en la fuerza bruta para agredir a nadie. Olvidáos de esa fraternidad masculina casposa, no os beneficia en nada.

Y también quiero que a los hombres se les permita conciliar con su vida laboral y personal, que no tengan que demostrar constantemente que son más fuertes en todos los ámbitos, que ellos no tienen porqué mantener el peso económico de las familias, ya no… Quiero que lloren, que expresen sentimientos, que puedan ser claros en sus emociones, que no tengan porqué tener el papel siempre de macho en la cama. Que no se les llame nenazas o maricas; que no se les diga: eso es de chicas o sé un hombre, … ¡Olvidemos esas expresiones! Que si quieren bailar ballet lo hagan, coser, expresar amor, jugar con muñecas, llorar viendo pelis, vestir de rosa… No sois depredadores, no somos presas; no somos depredadoras ni sois presas. No sois más, no sois menos… Sólo sois. Sólo somos.

En definitiva igualdad, libertad, coherencia y sentido común. No impongáis. Respetad, tolerad y no juzguéis. Ni a las mujeres, ni a los hombres, ni a los colectivos, ni a las sociedades… Vivid y dejad vivir.

aMoR

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Tal día como hoy, decidí enviarte un wasap supérfluo, posiblemente tan sólo informándote de mi vuelta desde Barcelona y, probablemente, sin buscar mayor intención que eso.

Algo tan sencillo como unas palabras en el momento adecuado, hacen cambiar el destino de las cosas y de las personas: sólo por ese gesto, tú decidiste seguir ahí.

Y 3 años después, continuamos unidos y luchando por algo que la gente llama relación pero que a mí me gusta llamar vida, evolucionando como compañeros y superando retos juntos. No me gusta hablar de futuro, los que me queréis lo sabéis, así que deseo continuar con el aquí y el ahora como equipo unido todo el tiempo que sea posible y de la mejor manera.

Por que el amor todo lo mueve, por que el amor todo lo puede. ❤