Hoy miércoles…

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13,30h (últimamente los números adquieren curiosos significados…) 
Playa de la Barceloneta, Barcelona… tengo que comprobar qué día es en mi móvil… (de nuevo, últimamente algo me tiene distraída)… Ah, 24 de Febrero 2010. 
Temperatura? Unos 20grados. Día sin nubes, bueno para ser exactos, unas al fondo, muy lejos, que no acechan a mi sol. Además son nubes de algodón de azúcar, de chuchería, realmente lindas… 

Lindas, como el día de hoy? Sí, supongo que sí. Aquí hay un gran silencio, una gran paz. Al menos no se oyen coches, lo cual no es sencillo en esta gran ciudad. Sólo se escucha el aire que agita las hojas de las palmeras, los pasos de algunos turistas, de algún corredor que lleva todo el invierno sin mover el culo y arrastra los pies… 
Se oyen las cadenas de las bicis que pasan a mi lado. Ahh, y el walkie de la policía que, en este momento, es lo más tecnológico que me rodea. 
Un gitano, sentado unos bancos más atrás, ha empezado a tocar la guitarra. Dos hombres más le acompañan, empezarán a cantar? 

El mar choca contra el rompeolas, pero a penas lo oigo porque el ruido de la gente empieza a incrementarse. Las risas, las conversaciones banales, una discusión por dinero unos metros más atrás, el aire que entra en mis oídos y agita mi flequillo… – Un perro que parece un caballo! – dice alguien. Levanto la mirada. Y tiene razón: un inmenso dogo negro está bebiendo de la ducha de la playa. Si justo de esa ducha donde alguien nos tomó una fotografía en noviembre, recuerdas Pasita? 

Una turista sobre una bici de alquiler acaba de exclamar ¡te quiero Barcelona! Y, de nuevo, alguien tiene razón…acabas amando a esta ciudad y más los días como hoy, en los que sólo importa este instante. 
Huele a puro, busco de dónde viene. Un señor canoso fuma mientras se peina sin éxito. Caballero – pienso yo- déjelo, no le va a servir de nada con este viento. Si no, mire mi flequillo! Parece que la telepatía no funciona y él sigue luchando contra la voluntad del aire y yo, simplemente sonrío. 
La guitarra ha cesado. Ahora suena un acordeón acompañado de un violín. La música empieza a adquirir un ritmo frenético y me está empezando a alterar. Da igual. Respiro profundo. Sé que en unos minutos la música dejará de sonar y ellos pasaran el sombrero. En este justo momento pasa otro grupo de guiris con bicicletas alquiladas, todos con el sillín bajo. Es que nadie es capaz de graduarlo? Cómo pueden pedalear con las piernas tan encogidas? Pierden eficacia, sabes? Uy, estoy entrando en el rol de instructora…será que echo de menos las clases y reñir a los socios… 🙂 Esta baja laboral, por esta maldita lesión, me tiene un poco irritada!

Ha habido un gran momento de silencio, el sol picaba en mi piel, hasta que volvió a soplar el viento. Momento de silencio donde aparecen en mi mente instantes de risas contagiosas, sonrisas pícaras e inocentes, miradas y gestos. Donde aparecen explicaciones sobre esculturas ecuestres, pasarelas, viviendas y escaleras. Copenhague, Vetusta, Marilyn… donde aparece un ¿y por qué no dejarse llevar…? 

De repente alguien chilla, mucho. Hay ajetreo a lo lejos, parece una pelea. Algunos turistas miran con distancia. Pasará, pienso yo, pero no, siguen chillando, alguien está realmente fuera de sí. Acabará viniendo la Guardia Urbana. 
Música de nuevo. Ahora una trompeta acompañada por una guitarra, la misma que antes rompió el silencio. No suena mal y me acuerdo de mi padre cuando la tocaba en la galería de casa y yo estaba sentada en sus piernas. El apoyaba la guitarra en las mías y yo observaba muy calladita sus dedos que resbalaban por las cuerdas. Aún recuerdo algunos acordes… Papá – le dije no hace mucho – tienes que empezar a tocar la guitarra otra vez! El sólo me miró y sonrió… 

Un fuerte viento pone mi piel de gallina. El chico que intentaba volar su cometa ha desistido. La gente empieza a salir de la playa, la arena se eleva contra ellos y contra mí. 
Llevo casi una hora escribiendo, observando, analizando y sintiendo los ruidos, los olores, la gente y los recuerdos. Ha sido como una hora de coger apuntes, pero más satisfactorio…hacia meses que no escribía en mi cuadernillo. 

Voy a llamarte y cuando termine de hablar y sonreír volveré a casa pedaleando e intentando captar más detalles que siempre se me escapan. Quizá pueda añadir algo antes de ponerme a hacer las magdalenas prometidas…

Escultura L’Estel Ferit de Rebbeca Horn, 1992.

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Acerca de tricialuque

Soy una apasionada de las palabras, de los versos y lo que conforman. Y soy una apasionada de la vida con sus mejores y sus no tan buenos momentos, del amor, las relaciones, las personas, las sonrisas, las vivencias, el sexo... En este BloG encontrarás todo un batiburrillo en el que espero, encuentres el sentido de esas líneas y, si no, al menos te sientas identificado con algunas de las frases.

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