Llenando espacios vacíos…

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En sus numerosos encuentros apresurados de deseo, efectistas, sin apenas palabras, calientes y húmedos, desesperados incluso, no había sutilidad, ni cariño, ni nada antes o después. Sólo necesidad y deseo por ambas partes, sin preguntas, sin respuestas, algo de incienso y música africana y entrega únicamente al sexo sin más dilación. Ella siempre iba a casa de él y no importaba la hora, simplemente se citaban y si ella podía, se encontraban. Una de las primeras cosas que él siempre hacía nada más llegar, era soltarle el pelo. Era una necesidad obligada para él y un estímulo creativo para ella. A veces era fácil, ella llevaba simplemente una goma de pelo que ataba en un moño con habilidad en el ascensor antes de entrar en su piso. Otras, el peinado se complicaba con horquillas y pequeños detalles que ampliaban el tema de conversación. Daba igual. A ella le encantaba ese momento cuando él la liberaba, la asalvajaba, donde dejaba caer el pelo sobre su rostro. La miraba a los ojos, la besaba, jugaba con su pelo y lo revolvía. Era casi más sensual ese momento que cuando le quitaba la ropa. Y era así porque, hasta ese momento, ningún otro había tenido la necesidad de sentir su pelo libre en el sexo. Él buscaba la sensualidad que creía que ella no tenía, la seguridad en su cuerpo, un punto de madurez sexual que le hiciera perder la timidez…

“Sopla todas las velas, déjanos en la oscuridad, con los ojos abiertos, pero en la oscuridad”                                                                                       “Eres demasiado mayor para ser tan tímida” él le decía…                       “Ambos sabemos que nunca seré tu amante, yo sólo traigo el calor y compañía bajo las mantas, llenando el espacio vacío de tus sábanas…”

Al final era eso lo que ella hacía, llenar el vacío que él sentía en su cama durante un rato, mientras ella podía liberarse y distender su mente, abandonar la moralidad y sentirse mujer. Ella controlaba la situación, los encuentros, lo que expresaba y lo que quería sentir, de manera fría y calculada a veces. Nunca surgió nada más, no hubo complicidad añadida de ningún tipo. Tampoco la buscaban. Eso era así y nadie se sentía mal, ni culpable ni utilizado: sólo se llenaban entre ellos sus espacios vacíos. Se habían puesto de acuerdo al menos para algo…

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Acerca de tricialuque

Soy una apasionada de las palabras, de los versos y lo que conforman. Y soy una apasionada de la vida con sus mejores y sus no tan buenos momentos, del amor, las relaciones, las personas, las sonrisas, las vivencias, el sexo... En este BloG encontrarás todo un batiburrillo en el que espero, encuentres el sentido de esas líneas y, si no, al menos te sientas identificado con algunas de las frases.

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