Y me dejé ganar…

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Dejé que ganara la apuesta, sí… esa que hizo justo la noche que el destino decidió que coincidiéramos. Tantas noches, tantas canciones, todas en el mismo local, pero esa noche el destino decidió que fuera diferente… No sé por qué dejé que me cautivasen esos ojos pequeños y profundos desde la esquina de la barra. Esa mirada penetrante que aún a menudo atraviesa la mía como si pudiese ver algo más allá que el simple azul de mis ojos. Dejé que agarrase mi cintura a ritmo de bachata y que se aproximase más de lo acostumbrado para un desconocido y que me susurrase al oído la letra de la canción…

 Sus ojos de gato me hablaron desde la primera noche que nos conocimos, aún en la penumbra, aún sin los cinco sentidos al 100%, aún con el alcohol corriendo por nuestras venas… sus ojos traspasaron mis fronteras, sus palabras prometieron longevidad y nuestros bailes hicieron sonreír nuestros cuerpos.                                         Apostó al rojo 23 desde el primer instante que se fijó en mí, aún sigo sin entender por qué lo vio tan claro. A veces me encantaría volver a esa noche y poder estar en tus ojos y en tu mente, para saber cómo tenías tan seguro que no te estabas equivocando…

 Se acabó la noche y le di el teléfono, sin demasiada esperanza en nada concreto y ninguna en mí misma, no era el momento, ni mucho menos, de empezar nada… o al menos así lo sentía… Pasaron las semanas, algún wassap de interés superfluo, alguna broma y poco más. Y le escribí no sé muy bien por qué, aquel domingo noche, desde Barcelona cuando tú ya lo dabas por perdido y cuando yo aún continuaba con un enorme interrogante mental. Supongo que nunca sabré por qué lo hice, qué nos lleva a actuar de determinada forma a veces… lo que sí sé, es que fue el gesto definitivo, al menos de este año…

 Desde ahí todo fluyó, fácil, quedamos, cervezas, conversaciones infinitas, tailandés convertido en indio, sonrisas, pétalos, besos, miradas intensas, apoyo moral a distancia, pambolis diferentes, nervios en el estómago, esperanzas, japonés y conexión, paseos a media luz, madrugadas de mensajes, música en directo, locuras, risas, sencillez…

 Desde la primera vez que me besó, aspiré sus besos. No sabía muy bien porque lo hacía, pero desde el principio tuve esa necesidad. Era como para sentirle más adentro aún, como para que su olor me dijera que lo estaba haciendo bien, como para que el aire de sus besos delicados me confirmara que arriesgarse era el camino y que a pesar de la rapidez de los acontecimientos no me estaba equivocando. Que lo que respiraba era real y que iba a quedarse dentro de mí, que no se escaparía al terminar el beso, que perduraría al menos, un instante más.

Él nunca ponía besos con corazón, eso era para personas especiales decía. Sin embargo a los pocos días de vernos, ya había puesto su corazón en mis manos: él creía que tan sólo expresaba palabras, pero estaba abriéndome su corazón en canal. Todo lo que transmitía era puro, no había maldad en su mirada, era todo sencillez y claridad. Lo que mostraba era tal cual lo que era, lo que decía lo que sentía, sin peros, sin más ni menos… Hablábamos del pasado, de lo que estábamos viviendo, y también llegó el día de hablar de un posible futuro, quizá en otro lugar… No lo dudó, ni un instante: sin que fuésemos nada aún, me miró a los ojos y supe que sus palabras eran las más sinceras que nunca he escuchado en mi vida. En ese momento lo vi claro: entonces un día, te das cuenta de que todo puede comenzar de nuevo, que la sonrisa perpetua puede formar parte de tu vida, que las cosas son simples y que sólo las complicamos nosotros mismos. Te das cuenta de que querer es poder y que aún trabajando más horas que el sol, las ganas y la ilusión pueden más que el sueño y el cansancio.  Que siempre hay un rato para las risas y que ese momento revitaliza mucho más que dormir porque eso alimenta el alma…

Su mirada, siempre su mirada, hablaba más de lo que lo hacían sus labios. Había magia en esos ojos, hechizo más bien, diría yo y lo hay, lo sigue habiendo… Al igual que hubo y hay naturalidad y facilidad para hablar de todo. Esa tarde te conté lo que me habían dicho los médicos, mis miedos y en cierto modo te quise apartar de mi lado porque no me parecía justo que tuvieses que vivir todo esto, apenas nos conocíamos. Y, de un soplido, descartaste esa posibilidad: “estaré a tu lado, pase lo que pase”. No hubo más que hablar, tus ojos y tus manos apoyaron a tus palabras y así ha sido…                                                  Se me escapó un “mucho” cuando me miraste y me preguntaste si te quería, mientras estábamos tumbados relajadamente en el Twins… entonces me di cuenta. A veces el subconsciente habla porque sí, sin explicación y sin más, ya está!  Yo abrí los ojos como platos cuando me di cuenta de lo que había dicho y él se tapó la sonrisa rápidamente con la mano… Le sorprendió mi respuesta tanto como a mí, pero creo que esa era una misma emoción compartida. En tan poco tiempo, tanto sentimiento quizá no era normal, pero la naturalidad y las ganas de sentirnos libres dejaron que todo fluyese en nuestros días y nuestras vidas.

Sus manos fuertes se habían convertido en mi guía, su risa en mi escape y su mirada en el presente de mi vida… Me dijo “te quiero” entre sueños, bueno, eso creía él porque yo llevaba toda la noche escuchándole soñar y pensando en que quizás podría acostumbrarse a todo eso. Y decidí, decidimos, continuar  llenando de nuevos y fantásticos momentos nuestras vidas, de locuras, de prisas, de cuidados mutuos y cariño, de limpieza en casa, de mañanas de domingo dormitantes, de miradas cómplices y caricias eternas. De coladas con vistas al bosque, de sagas frikis y enfados sin demasiado sentido, de bailes hasta el amanecer y abrazos nocturnos aunque no me dejes dormir. De vida paleo, besos matutinos de café y descubrimientos de nuevos vinos. De apuestas, tattoos, viajes y futuro… Porque a veces creo que has llegado a mi vida para deshacer todos los miedos que tenía, a desmontar todos mis principios quizás sin sentido, todo en eso que no creía y que poco a poco va llegando y asombrándome…

 

Y de esa primera noche que nos vimos, ha pasado ya un año y, aquí y ahora, sólo puedo desear que sigamos queriéndonos como lo hacemos, así sin más, sin promesas vacías, con naturalidad y con la velocidad que lo ha hecho hasta ahora… no cambiaría ni un minuto vivido contigo. Te amo pequeño, muchísimo! 🙂 ❤ 

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Acerca de tricialuque

Soy una apasionada de las palabras, de los versos y lo que conforman. Y soy una apasionada de la vida con sus mejores y sus no tan buenos momentos, del amor, las relaciones, las personas, las sonrisas, las vivencias, el sexo... En este BloG encontrarás todo un batiburrillo en el que espero, encuentres el sentido de esas líneas y, si no, al menos te sientas identificado con algunas de las frases.

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